Propósitos
Los propósitos fundamentales definen en conjunto, la misión de la educación preescolar y expresan los logros que se espera tengan los niños y las niñas que la cursan. A la vez, como se ha señalado, son la base para definir las competencias a favorecer en ellos mediante la intervención educativa.
Estos propósitos, como guía para el trabajo pedagógico, se favorecen mediante las actividades cotidianas. La forma en que se presentan permite identificar la relación directa que tienen con las competencias de cada campo formativo; sin embargo, porque en la práctica los niños ponen en juego saberes y experiencias que no pueden asociarse solamente a un área específica del conocimiento, estos propósitos se irán favoreciendo de manera dinámica e interrelacionada.
Ello depende del clima educativo que se genere en el aula y en la escuela.
Reconociendo la diversidad lingüística y cultural, social y étnica que caracteriza a nuestro país, así como las características individuales de los niños, durante su tránsito por la educación preescolar se espera que vivan experiencias que contribuyan a sus procesos de desarrollo y aprendizaje, y que gradualmente:
• Desarrollen un sentido positivo de sí mismos; expresen sus sentimientos; empiecen a actuar con iniciativa y autonomía, a regular sus emociones; muestren disposición para aprender, y se den cuenta de sus logros al realizar actividades individuales o en colaboración.
• Sean capaces de asumir roles distintos en el juego y en otras actividades; de trabajar en colaboración; de apoyarse entre compañeras y compañeros; de resolver conflictos a través del diálogo, y de reconocer y respetar las reglas de convivencia en el aula, en la escuela y fuera de ella.
• Adquieran confianza para expresarse, dialogar y conversar en su lengua materna; mejoren su capacidad de escucha; amplíen su vocabulario, y enriquezcan su lenguaje oral al comunicarse en situaciones variadas.
• Comprendan las principales funciones del lenguaje escrito y reconozcan algunas propiedades del sistema de escritura.
• Reconozcan que las personas tenemos rasgos culturales distintos (lenguas, tradiciones, formas de ser y de vivir); compartan experiencias de su vida familiar y se aproximen al conocimiento de la cultura propia y de otras mediante distintas fuentes de información (otras personas, medios de comunicación masiva a su alcance: impresos, electrónicos).
• Construyan nociones matemáticas a partir de situaciones que demanden el uso de sus conocimientos y sus capacidades para establecer relaciones de correspondencia, cantidad y ubicación entre objetos; para estimar y contar, para reconocer atributos y comparar.
• Desarrollen la capacidad para resolver problemas de manera creativa mediante situaciones de juego que impliquen la reflexión, la explicación y la búsqueda de soluciones a través de estrategias o procedimientos propios, y su comparación con los utilizados por otros.
• Se interesen en la observación de fenómenos naturales y participen en situaciones de experimentación que abran oportunidades para preguntar, predecir, comparar, registrar, elaborar explicaciones e intercambiar opiniones sobre procesos de transformación del mundo natural y social inmediato, y adquieran actitudes favorables hacia el cuidado y la preservación del medio ambiente.
• Se apropien de los valores y principios necesarios para la vida en comunidad, actuando con base en el respeto a los derechos de los demás; el ejercicio de responsabilidades; la justicia y la tolerancia; el reconocimiento y aprecio a la diversidad de género, lingüística, cultural y étnica.
• Desarrollen la sensibilidad, la iniciativa, la imaginación y la creatividad para expresarse a través de los lenguajes artísticos (música, literatura, plástica, danza, teatro) y para apreciar manifestaciones artísticas y culturales de su entorno y de otros contextos.
• Conozcan mejor su cuerpo, actúen y se comuniquen mediante la expresión corporal, y mejoren sus habilidades de coordinación, control, manipulación y desplazamiento en actividades de juego libre, organizado y de ejercicio físico.
• Comprendan que su cuerpo experimenta cambios cuando está en actividad y durante el crecimiento; practiquen medidas de salud individual y colectiva para preservar y promover una vida saludable, así como para prevenir riesgos y accidentes.
Los propósitos fundamentales son la base para la definición de las competencias que se espera logren los alumnos en el transcurso de la educación preescolar. Una vez definidas las competencias que implica el conjunto de propósitos fundamentales, se ha procedido a agruparlas en los siguientes campos formativos:
• Desarrollo personal y social.
• Lenguaje y comunicación.
• Pensamiento matemático.
• Exploración y conocimiento del mundo.
• Expresión y apreciación artísticas.
• Desarrollo físico y salud.
Con la finalidad de hacer explícitas las condiciones que favorecen el logro de los propósitos fundamentales, el programa incluye una serie de principios pedagógicos, así como los criterios que han de tomarse en cuenta para la planificación, el desarrollo y la evaluación del trabajo educativo.
Este proyecto está centrado en competencias.
Una competencia es un conjunto de capacidades que incluye conocimientos, actitudes, habilidades y destrezas que una persona logra mediante procesos de aprendizaje y que se manifiestan en su desempeño en situaciones y contextos diversos.
Esta decisión de orden curricular tiene como finalidad principal propiciar que la escuela se constituya en un espacio que contribuye al desarrollo integral de los niños, mediante oportunidades de aprendizaje que les permitan integrar sus aprendizajes y utilizarlos en su actuar cotidiano.
La selección de competencias que incluye este proyecto se sustenta en la convicción de que los niños ingresan a la escuela con un acervo importante de capacidades, experiencias y conocimientos que han adquirido en los ambientes familiar y social en que se desenvuelven, y de que poseen enormes potencialidades de aprendizaje. La función de la educación preescolar consiste en promover el desarrollo y fortalecimiento de las competencias que cada niño posee.
Además de este punto de partida, en el trabajo educativo deberá tenerse presente que una competencia no se adquiere de manera definitiva: se amplía y se enriquece en función de la experiencia, de los retos que enfrenta el individuo durante su vida, y de los problemas que logra resolver en los distintos ámbitos en que se desenvuelve. En virtud de su carácter fundamental, el trabajo sistemático para el desarrollo de las competencias (por ejemplo, la capacidad de argumentar o la de resolver problemas) se inicia en el Jardín de Niños.
Estrategias
El conocimiento de las niñas y los niños se logrará a lo largo del año escolar en la medida en que existen oportunidades para observar su actuación y convivir con ellos en diversos tipos de situaciones dentro y fuera del aula. Sin embargo, en virtud de su importancia, es indispensable realizar al inicio del curso una serie de actividades para explorar qué saben y que pueden hacer en relación con los planteamientos de cada campo formativo y en consecuencia identificar aspectos en los que requieren de mayor trabajo sistemático.
Este conocimiento permite establecer el grado de complejidad de una situación didáctica y las formas de trabajo adecuadas a las características de los alumnos, el nivel de dominio de sus competencias, rasgos personales y ritmos de aprendizaje. El diagnóstico inicial del grupo permite saber quiénes lo integran y las características de cada uno.
La información sobre estas cuestiones puede obtenerse mediante el juego libre, el organizado y en particular el juego simbólico, además de la observación directa, la entrevista con los padres y con el alumno.
El diagnóstico inicial se realiza durante las actividades de la jornada de las primeras semanas del ciclo escolar. La información recopilada se incluirá en el expediente de cada alumno, éste instrumento permitirá documentar su proceso de aprendizaje y desarrollo personal.
Los niños y las niñas poseen una curiosidad y una disposición natural para aprender. Cuando las condiciones del medio son propicias, se interesan por todo lo que sucede a su alrededor y esperan participar de ello; de manera espontánea formulan explicaciones y ponen a prueba lo que piensan, saben y pueden hacer: procuran realizar las actividades por sí mismos y disfrutan cuando logran lo que se proponen: les agrada conocer y convivir con personas de diferentes edades: se muestran activos de manera permanente y manifiestan una enorme capacidad para jugar. El juego es su principal actividad y su forma preferida de aprender. No obstante, es preciso subrayar que todo lo anterior depende, en buena medida, de las oportunidades que les ofrezca el medio en que se desenvuelven; de ahí que una tarea fundamental que corresponde a las educadoras, sea la de crear un ambiente en el que los pequeños encuentren las posibilidades de actuar espontáneamente, con seguridad y confianza, de atreverse a explorar y experimentar, indagar, conversar, explicar, narrar, describir, argumentar, preguntar, representar, buscar, seleccionar, organizar e interpretar información de diversas fuentes: reconocer sus aciertos y sus errores y atreverse a intentar de nuevo; de colaborar, acordar, comparar sus ideas con las de sus compañeros y compañeras: establecer objetivos comunes e importantes para todos: convivir reconociendo que todos somos diferentes y, a la vez, iguales en dignidad, derechos y capacidades.
Esto es, crear un ambiente que facilite el aprendizaje. Crear un ambiente para propiciar el aprendizaje no es una tarea individual, pues el entorno escolar es una comunidad en la que las personas adultas que ahí confluyen tienen una misión común: la de educar a los niños y las niñas en una institución creada por la sociedad específicamente para ello. De ahí que a todos corresponde colaborar para construir un medio organizado de manera consciente e intencional, en el que cada niño y niña encuentren motivos y experiencias para aprender a comunicarse eficazmente, a resolver problemas de diversa naturaleza y a convivir. Se trata de que cada integrante del personal reconozca y comprenda su papel, conciba a los niños y las niñas como seres humanos dignos, iguales en derechos y competentes para que, a partir de ello, participe activamente en la construcción de acuerdos colectivos sobre las normas que regularán la vida de todos en el centro educativo, las formas básicas de organización de la jornada, así como del uso y aprovechamiento de las instalaciones, el mobiliario, el equipo y los materiales: esto en función de lograr que todos los niños y las niñas tengan acceso a las oportunidades que requieren para aprender.
Situaciones didácticas para que los niños y las niñas aprendan
De acuerdo con el Programa de Educación Preescolar 2004, una situación didáctica, es: un conjunto de actividades articuladas que implican relaciones entre los niños, los contenidos y la maestra, con la finalidad de construir aprendizajes.
Algunas condiciones que deben reunir son las siguientes:
· Que la situación sea interesante para los niños y que comprendan de qué trata: que las instrucciones o consignas sean claras para que actúen en consecuencia.
· Que la situación propicie el uso de los conocimientos que ya poseen, para ampliarlos o construir otros nuevos.”
Por lo anterior, las experiencias educativas no se circunscribirán a plantear una serie de actividades para que los niños y las niñas “hagan”, sino que buscaran que los niños y las niñas participen activamente para aprender, e incluirán la constante intervención de la educadora.
Ahora bien, a lo largo de la educación de los niños y las niñas se presentará la intervención de las personas adultas: sin embargo, la diferencia que existe entre la intervención que puede tener la madre o el padre, la tía o el abuelo y aquella que caracteriza a la de una maestra es la intención consciente, sistemática y reflexiva de educar.
La intervención educativa determinará las competencias que los niños y las niñas ponen en juego, pues la educadora, con base en su experiencia y en el conocimiento que adquiere diariamente sobre los pequeños a su cargo, considera los propósitos fundamentales de la educación preescolar y las competencias para decidir el tipo de situaciones didácticas que ofrecerá a los pequeños, las diseña y las pone en marcha con su grupo; participa proporcionando la ayuda que requieren los niños y las niñas para que ellos usen sus competencias y observa lo que ocurre: obtiene información respecto del proceso y los resultados, la analiza y reflexiona sobre las evidencias recogidas para tomar nuevas decisiones. Así, la intervención de la educadora consistirá en tomar decisiones pedagógicas en cada momento del proceso enseñanza y aprendizaje: la planificación, el desarrollo y la evaluación. Se ha señalado que no todas las experiencias enriquecen las competencias infantiles entonces, para que sean útiles, han de poseer características como las siguientes:
· Se diseñan con base en intenciones educativas que la educadora hacen explícitas, pues éstas orientan su intervención durante el desarrollo de la situación.
· Tienen una organización: esto significa que tienen una secuencia, siguen un proceso didáctico que está conformado por un inicio, un desarrollo, una conclusión, y cada fase del proceso sirve para distintos propósitos que veremos más adelante.
· La intervención de la educadora consiste en facilitar y apoyar la actividad infantil para que los niños y las niñas actúen dándose cuenta, haciendo conscientemente aquello que están aprendiendo: es decir, que reflexionen, analicen, pregunten, pongan en juego sus ideas, las confronten, expliquen, exploren, busquen, establezcan conclusiones, describan, argumenten, resuelvan problemas, imaginen, aprecien, valoren, entre otras acciones que contribuyen a ampliar sus competencias.
Por otra parte, el medio natural, social y cultural son los contextos que ofrecen experiencias al niño y a la niña, ya que en estos espacios interactúan, se relacionan y aprenden mediante la observación, la exploración, la formulación de preguntas, el planteamiento de hipótesis y de posibles respuestas, de manera natural y espontánea: en ellos se dan la experiencia, la reflexión y la acción.
Por el conocimiento del medio natural, social y cultural el niño y la niña descubren y aprenden formas de relacionarse con los demás, de reconocerlos y valorarlos, por lo que es en estos ámbitos en los que la formación de valores y actitudes adquieren significado. Cuando los niños y las niñas interactúan con el entorno natural y social ponen en juego sus competencias.
Las personas coexisten en un tiempo y espacio determinado, en donde se encuentran objetos, relaciones, hechos, fenómenos y seres, producto de la naturaleza y de la cultura humana: a partir de la experiencia, la reflexión y la acción individual y conjunta, los niños y las niñas construyen significados individuales y colectivos.
Por estas razones, la acción educativa partirá del conocimiento del medio y de la experiencia que los niños y las niñas obtengan de su contexto social y cultural, Por lo tanto, las situaciones didácticas se organizarán a partir de lo que sucede en la realidad de los niños y niñas.
En su contacto con el medio que les rodea, el niño y la niña enfrentan el reto de seleccionar y organizar la información que éste produce. Esta acción supone dar significado a la realidad, comprenderla e incorporarla a su experiencia, lo que permite construir aprendizajes nuevos al relacionar lo que ya saben con lo que están aprendiendo.
Las situaciones didácticas propiciarán que los niños y las niñas, de manera consciente y propia, construyan una red de significados de la realidad que les permita continuar aprendiendo y modificar o establecer nuevos procedimientos para resolver problemas de la vida cotidiana.
El ambiente de trabajo en el grupo
La escucha, la curiosidad, la observación, la investigación, la experimentación, las ideas de los niños y niñas se reconocerán, valorarán y aprovecharán en un grupo en que los niños y las niñas se sienten acogidos, estimulados y respetados en su construcción del conocimiento.
El trabajo en pequeños grupos constituirá un medio imprescindible para apoyar el aprendizaje del grupo, pues esta forma de organización de los niños y de las niñas promoverá la existencia de propósitos comunes, propiciará la discusión, la puesta en común, la confrontación, el diálogo, la formulación de preguntas y la búsqueda de respuestas distintas a las que pueden idear el niño y la niña por sí solos.
El ambiente de trabajo en el grupo pequeño privilegiará la comunicación y el uso del lenguaje en diversas situaciones y con propósitos variados y promoverá el intercambio de ideas con claridad, para escuchar a los otros, comprender y recordar lo que desean compartir. Para conseguir esto, los niños y las niñas requerirán de tener libertad y oportunidades para hablar libremente sobre lo que saben, piensan, viven y sienten: que tengan posibilidad de narrar o relatar sucesos, preguntar, dudar, tomar acuerdos, planificar, inferir, exponer puntos de vista, contar, historias o chistes, inventar palabras, entre otras cosas: al ser escuchados aprenderán a escuchar y a seleccionar información importante para utilizarla y confrontarla con lo que ya saben.
Usar la comunicación y el lenguaje no sólo se refiere a que los niños y niñas serán las fuentes de información, sino que será preciso recurrir a personas de la comunidad (artesanos, comerciantes, profesionales, padres y madres, etc.), a los materiales impresos (libros, revistas, folletos, entre otros) y a los medios de comunicación para recoger información sobre los más variados asuntos.
En las actividades diarias, será preciso que los niños y las niñas sean testigos y participantes activos de lo que es deseable que aprendan: por ejemplo, si en el aula los adultos leen para sí, leen en voz alta para los niños y las niñas, y la lectura tiene utilidad para el grupo porque servirá para satisfacer la necesidad de búsqueda de información o para recrear una historia o algún suceso importante, los pequeños comenzarán a identificar sus funciones y aspirarán a ser lectores, descubrirán el gusto y el placer de leer y por la lengua escrita, se familiarizarán con distintos tipos de texto (informativos, narrativos, instructivos, periodísticos, dramáticos, entre otros).
La organización del grupo será necesaria para propiciar la comunicación y el aprendizaje, por ello, se considerarán las siguientes importantes recomendaciones:
· Promover la conformación de grupos pequeños en que haya niños y niñas por igual, que tengan diversas experiencias.
· Plantear tareas que realicen juntos, en las que sea necesario ponerse de acuerdo, conversar, discutir, preguntar, explicar.
· Propiciar que al trabajar juntos se ayuden mutuamente y colaboren.
· Realizar actividades individuales, en parejas, en pequeños grupos y de todo el grupo.
· Proporcionar oportunidades a cada niño y niña para participar en diversas tareas, como: distribuir materiales, explicar a sus compañeros.
· Mostrar su trabajo al grupo, narrar sus experiencias, ser reconocidos en su actuación.
· Involucrar a los niños y las niñas en el establecimiento de reglas para la convivencia, en la organización de la jornada, en la propuesta de actividades.
Con base en las consideraciones expuestas en las páginas anteriores, la estrategia propuesta en este proyecto educativo, está diseñada para que los niños y las niñas amplíen sus competencias en los diferentes campos formativos, establecidos en el Programa de Educación Preescolar 2004 por la Secretaría de Educación Pública.
Acciones
El desarrollo del trabajo durante el ciclo escolar requerirá de un ambiente en el que las niñas y los niños se sientan seguros, respetados y con apoyo para manifestar con confianza y libertad sus preocupaciones, dudas, sentimientos e ideas.
Es importante que los niños perciban, con claridad creciente, que el sentido de ir a la escuela está en la oportunidad de saber y de entender más, de ser capaces de más.
En el establecimiento de este ambiente en el aula es importante considerar los siguientes elementos:
· La confianza en la maestra del grupo, un clima afectivo
· Las reglas de relación entre compañeras y compañeros, la convivencia continua con otras personas
· La organización de los espacios, la ubicación y disposición de los materiales.
· El establecimiento de un buen ambiente de trabajo se inicia con el ciclo escolar, pero en realidad se trata de un proceso permanente, pues se va alimentando con la convivencia cotidiana entre niñas, niños y maestras.
Se realizará una planificación didáctica, teniendo en cuenta el calendario escolar y los horarios del centro educativo y diarios.
El horario es un elemento importante en la organización escolar, ya que regirá y dispondrá el desarrollo práctico de todas las actividades escolares, armonizando tiempos, materias y recursos humanos (maestros y grupos de alumnos).
Se elaborará un horario para la educación preescolar en función de los criterios didáctico-pedagógicos, psicológicos o de aprendizaje, y fisiológicos o de higiene.
La organización del tiempo será flexible y se estructurará en torno a diversas actividades, además de las sugeridas, se tendrá en cuenta lo siguiente:
· Un tiempo libre destinado a que el niño pueda experimentar, comunicar y relacionarse automáticamente.
· Un tiempo de rutinas que permitirá al niño estructurar la secuencia de acontecimientos en la escuela.
· Un tiempo de actividades con distintas naturaleza y función dentro del currículum no sólo referidas al centro de interés de la experiencia.
Por todo ello se considerará que el tiempo viene marcado fundamentalmente por el ritmo de los niños y que, dado la mayor capacidad de representación en esta edad (nociones de mañana, ayer, hoy, etc.), se trabajarán actividades de mayor duración, ya que los niños pueden encontrar la conexión que existe entre actividades que están separadas en el tiempo.
El niño de 3-6 años pasa de los movimientos reflejos a la coordinación motriz, de la acción al pensamiento lógico, de la dependencia total a un alto nivel de autonomía, del egocentrismo a una considerable descentralización, etc. Todo este proceso de desarrollo físico, emocional y cognitivo se construirá a partir de tanteos, de ensayos y errores, de repetición.
Si observamos a los niños pequeños, veremos la necesidad que tienen de repetir la misma acción, los mismos movimientos, los mismos juegos. Es el tiempo que cada niño necesita para construir sus estructuras mentales, para elaborar y resolver sus conflictos emocionales, para incorporarse e integrarse a su entorno.
El tiempo de cada niño supone vivir plena y lentamente su periodo sensoriomotor, su actividad simbólica, su mundo de fantasía, sus procesos mentales; por tanto, se le permitirá saciar adecuadamente sus necesidades desde su peculiar modo de ser. Es de capital importancia conocer el mecanismo y los procesos que generan el desarrollo humano, ya que sólo a partir de este conocimiento podremos comprender y valorar la relevancia que tiene el tiempo en el crecimiento del niño.
El proceso “acomodación-asimilación” conllevará un tiempo para la acción, para la experiencia, y un tiempo para la incorporación e integración de sensaciones, sentimientos, conceptos, etc. Ahora bien, todos sabemos que este tiempo es diferente desde donde actúa y en las que integró lo nuevo, los cambios, y desde donde avanza en el conocimiento de sí y del entorno que le rodea.
Este respeto al ritmo de autoestructuración emocional, cognitiva, social, se une también al ritmo que cada niño necesitará para establecer la comunicación, la participación grupal, el cambio de actividades, el paso de una situación a otra, etcétera.
El respeto al ritmo de cada niño será, pues, la premisa fundamental para que él viva como ser único, diferente y aceptado en su forma de ser y de actuar.
Otro aspecto estructural del niño es su relación espacio-temporal. Las coordenadas espacio-tiempo son, sin duda, los ejes sobre los que se apoyan básicamente su seguridad y su estabilidad psíquica.
De estas primeras pautas de tipo orgánico, el niño pasará progresivamente a otras de tipo social (marcadas por nosotros), pero ambas se tienen que vivir con un ritmo estable; es a partir de dicha estabilidad desde donde el niño comenzará a diferenciar los distintos momentos del día y lo que le permite prever y anticipar lo que vendrá después.
Ahora bien, dicha estabilidad no se puede confundir con rigidez ni con una excesiva división del tiempo, junto a la necesaria estabilidad en los ritmos y frecuencias, el niño necesitará vitalmente la flexibilidad de unos tiempos en los que pueda vivir y satisfacer sin prisa, a su ritmo, los descubrimientos, las relaciones, las emociones..., y contemplando, igualmente, una cierta amplitud en el tiempo que se destina en el paso de una actividad a otra.
La organización pedagógica de la clase, entendida como la distribución de las actividades en el tiempo, implicará no sólo la división del tiempo, sino fundamentalmente, como ya se ha dicho, una determinada concepción pedagógica y metodológica en la que se incluirá y se interrelacionarán el tiempo, el espacio, los objetos, las relaciones y la actitud del adulto.
El tiempo, en este sentido, no se puede tratar en abstracto o aisladamente, ya que su distribución comporta y refleja la concepción pedagógica y los objetivos educativos que cada uno de nosotros tenemos.
Las actividades y su distribución en el tiempo serán muy diversas, pues dependerán de muchos factores: edad y características de los niños, la evolución que el grupo experimento, el carácter y personalidad de la educadora, su formación y su capacidad, entre otros.
Lo más importante en las actividades y su distribución en el tiempo es que no todos los niños tendrán que hacer siempre lo mismo y en el mismo tiempo, pues es evidente que no todos tendrán el mismo ritmo, ni todos estarán interesados en lo mismo.
Partiendo de que cada edad tendrá necesidades y ritmos diferentes en cuanto al tiempo para realizar diversas actividades, al distribuir el horario general del Jardín de Niños, se tendrá presente:
· El ritmo de las distintas actividades.
· El horario de comidas y el intervalo entre ellas.
· El número y la duración de los periodos dedicados cada día a juegos.
La distribución del tiempo en el aula será un marco de referencia que ayude al niño y al docente en la tarea de tener que decidir qué se va a hacer después, o de saber de cuánto tiempo se dispondrá para realizar una actividad. Una vez encontrado el horario en el que los niños se sienten más a gusto, podremos hacerlo más flexible alargando algunas actividades en las que nos encontramos mejor, o cambiando las siguientes por propuestas de actividades que interesen y que no habían sido programadas.
Es importante que los niños comprendan el horario, que tengan puntos de referencia claros, para no andar perdidos en el tiempo. Para ello se seguirán las siguientes pautas:
1. Mantener las partes del horario en el mismo orden.
2. Recordar, en la conversación con los niños, las cosas que se han realizado durante el día, las cosas más importantes que han ocurrido durante la semana, etcétera.
3. Establecer símbolos para cada actividad o periodo, así como señales que marquen el final o el inicio de las diversas actividades.
4. Advertir a los niños del tiempo que les falta para iniciar otro tipo de actividad de manera que no se queden sin acabarla aquellos que se lo hayan propuesto.
El tiempo de rutinas
Entenderemos la rutina como “el conjunto de acciones con carácter repetitivo que el niño realizará cada día y que le conducirán a la adquisición de un conjunto de hábitos y comportamientos”.
Al hablar de rutina tendremos que plantearnos el conjunto de acciones que el niño realizará de la misma forma y respetando el proceso de temporalización. Para adquirir una rutina, tendremos presentes los siguientes puntos:
1. Seguir siempre el mismo orden.
2. Focalizar los cambios al final y al comienzo de la realización.
3. Establecer determinadas contraseñas que le recuerden al niño dicho cambio.
Por tanto, la adquisición de una rutina requerirá de una buena planificación del horario, cuyo objetivo, más que la ejecución de determinados trabajos, será la adaptación a los diferentes cambios en el proceso de temporalización. Estos pueden ser:
· Momento de la reunión en grupo, que tiene como finalidad la planificación de un trabajo que tendrá que realizarse.
· Período de trabajo, que consistirá en la realización del trabajo elegido.
· Cambio de actividad. Períodos que serán destinados a recoger y ordenar el material utilizado.
· Periodo para recordar de grupos pequeños y de ocupación. Es el momento en que los niños harán copartícipes de su trabajo a sus compañeros. El objetivo será crear un ambiente de participación y de cooperación e interiorización de la situación.
· Actividades al aire libre. Se habituará al niño a que realice determinadas actividades, principalmente de tipo físico.
· Puesta en común, en la que participará todo el grupo.
Conviene dejar claro, de todas maneras, que al referirnos a rutinas no manejaremos ese término en su acepción más vulgar, de automatización o secuencia rígida o inflexible. Aunque la rutina fija una secuencia o procedimiento, no la haremos inflexible.
Las rutinas en educación preescolar no se sitúan ni definen un contexto de imposición; no son elementos de cierre sino de estructuración. Definirán un contexto de seguridad a través de la conservación y mantenimiento de pautas. Por otro lado, tendremos claro que las rutinas serán aprendizajes, será algo que los niños han de aprender. Por lo general se recomienda que, para asegurar su aprendizaje, inicialmente se siga siempre el mismo orden en las actividades, que el docente mencionará claramente y con frecuencia el nombre de cada momento de rutina: “Ahora nos toca ordenar, estamos en el momento de la limpieza, después empezaremos el silencio.”
Partes del horario
1. Preparación de la actividad. Cada niño decidirá qué trabajo va a realizar después, qué rincón o actividad ha elegido, qué necesita, etcétera.
2. Periodo de trabajo. Los niños ejecutarán las actividades que propusieron. Durante este periodo, el docente apoyará para que todos la realicen.
3. Recogida. Acabada la sesión de trabajo, los niños clasificarán, ordenarán y guardarán los materiales que utilizaron durante el periodo de trabajo y los trabajos que no terminaron.
4. Revisión del trabajo. Para el periodo de revisión del trabajo se formarán pequeños grupos. Mientras un grupo está con el docente para comentar, revisar y poner en común la tarea que ha realizado cada uno, los otros grupos pueden trabajar en actividades con materiales sugeridos por el docente: plastilina, cuentos, etcétera.
5. Reunión en gran grupo. Los utilizaremos para cantar, tocar instrumentos, realizar juegos, recitar poesías, contar cuentos, comentar algo que ha pasado y que ha interesado al grupo, para que en asamblea organicemos el propio tiempo.
Con base en todo esto se elaborarán los distintos horarios para cada nivel.
Metodología educativa.
Características de las situaciones didácticas
Duración
Cada una de las situaciones didácticas incluidas en este proyecto educativo estará diseñada para abarcar aproximadamente un mes de trabajo. Sin embargo, durante su aplicación, es probable que el tiempo varíe en función de las decisiones que la maestra tome respecto de incluir actividades o modificar las actividades sugeridas.
Organización
Todas las situaciones que se presentarán estarán organizadas en los siguientes apartados:
Título.
Expresará de manera sintética el aspecto de la realidad o tema que se abordará en la situación didáctica propuesta.
Sinopsis.
Describirá de manera general los campos formativos que se atenderán con la propuesta, así como lo que se sugiere realizar con los niños y las niñas: esto con la intención de que la educadora obtenga un panorama claro de la situación, sin tener que leer con detalle cada una, sino hasta su preparación para ser aplicada en la práctica educativa.
Competencia que se favorece.
Enunciará, a modo de propósito o intención educativa, la competencia que se tomó como base para diseñar la situación didáctica e incluirá el campo formativo en el que la competencia se ubica.
Materiales y otros recursos.
Enlistará los recursos didácticos que la educadora deberá considerar antes de aplicar la situación con su grupo, para tenerlos dispuestos en el momento que se requieren.
Procedimiento didáctico.
Explicará cada paso que será necesario dar para desarrollar la situación didáctica, que contiene tres etapas: el inicio, denominado “Para explorar y recuperar las ideas y las experiencias que los niños y las niñas poseen”: el desarrollo, que se denomina “Para que los niños y las niñas pongan en juego sus competencias”, y la conclusión, llamada “Para que los niños y las niñas reflexionen acerca de lo que han aprendido”.
En cada una de estas etapas se explicará detalladamente cómo organizar a los niños y las niñas, qué solicitarles, cómo formular preguntas, explicar, mostrar y apoyarles durante su participación en las diversas actividades que se describen e incluirá algunas recomendaciones particulares para la educadora, que le servirán de apoyo en su trabajo. Cabe señalar que estas tres etapas constituirán una secuencia coherente y articulada de actividades educativas, y que cada cual cumplirá una función específica que promoverá el aprendizaje, por lo cual, no se omitirá alguna de las etapas establecidas en el procedimiento didáctico. No obstante, la educadora intercalará actividades cotidianas y permanentes, como la lectura de cuentos, audiciones musicales, educación física, entre otras.
Otras competencias que se favorecen.
Enunciará las competencias y señalará los campos formativos en los que se ubican, que los niños y las niñas también ponen en juego en la realización de las actividades sugeridas y que la educadora favorecerá al aplicar la situación didáctica, de acuerdo con las recomendaciones señaladas para intervenir educativamente.
Una última justificación.
Es indispensable aclarar que las situaciones didácticas que se propondrán no estarán diseñadas para niños y niñas de un grado en particular ni se podrán adecuarse para hacerlas más simples o complejas.
Lo anterior se debe a que será necesario reconocer que los niños y las niñas, aunque sean muy jóvenes, poseen conocimientos, experiencias, ideas y capacidades variadas que usarán al interactuar con las diversas situaciones que enfrentarán y que la complejidad de sus ideas y de su actuación son la base para trabajar educativamente con ellos. En este sentido, y con el ánimo de apoyar a las educadoras a emprender un proceso de modificación y enriquecimiento de sus concepciones sobre las capacidades infantiles, adoptaremos una actitud de disposición y curiosidad, así como altas expectativas acerca de lo que los niños y las niñas a cargo, serán capaces de hacer y aprender si tienen confianza en sí mismos y les ofreceremos los apoyos que requieran para ampliar sus competencias.
Recursos didácticos de la institución.
La organización y utilización del espacio educativo es el resultado de entender la enseñanza como función social y como comprensión de los procesos del aprendizaje, dependiendo también del método que estemos aplicando, de los objetivos, de los diferentes tipos de contenidos que estemos trabajando
La organización y utilización del espacio serán un elemento de continuidad de los distintos momentos, contenidos y experiencias por desarrollar en el aula, y consideraremos:
• Sus finalidades básicas de utilización.
• Tipo de actividades que se realizarán.
• Tipo de intervención del docente.
• Organización y distribución de materiales y mobiliario.
• Favorecerá la autonomía y la atención a la diversidad.
• Propiciará al máximo la interacción entre los niños y el personal docente.
La distribución espacial preverá algunas formas de organizar los materiales, tales como áreas de trabajo, rincones, escenarios educativos, entre otros; “la disposición de los elementos en las diferentes áreas estará dirigida a crear espacios que inciten a los niños a la actividad, que favorezca el encuentro con sus compañeros y su educadora, un espacio relajante y tranquilo, un real espacio educativo”
No existe una organización espacial que se pueda presentar como modelo. Cada educadora deberá buscar lo más adecuado para sus alumnos.
La acción educativa del Jardín de Niños tendrá lugar en un tiempo y espacio físico concretos y se servirá de unos recursos materiales determinados. Por ello, una adecuada organización del ambiente, incluyendo tiempo y recursos materiales facilitará la consecución de las intenciones educativas.
Los espacios
El medio en el que el niño se desenvuelve y con el cual interacciono constantemente, le envía continuos y silenciosos mensajes, invitándolo a determinadas acciones, facilitándole determinadas actitudes y proporcionándole determinado tipo de relación e intercambio.
Por tanto, el estudio del medio, es decir, la reflexión, análisis y cuestionamiento de lo que rodea a los niños y de las posibilidades o limitaciones que proporcionaremos los maestros, deberá estar en la base del planteamiento educativo, y formará parte del trabajo de la educadora. Será herramienta básica del proceso de aprendizaje y será también el soporte de la función de la educadora.
La planificación, el diseño y posteriormente la intervención que la educadora y todo el equipo harán sobre el espacio, deberá responder a los criterios que están en la base de los objetivos y proyecto educativo que se ha de alcanzar en la etapa de 3 a 6 años.
Los materiales
El material será el instrumento que el niño utilizará para llevar a cabo su actividad o sus juegos. Por tanto, el Jardín de Niños ofrecerá una gama variada y estimulante de objetos, juguetes o materiales que proporcionarán múltiples ocasiones de manipulación y nuevas adquisiciones. El material deberá responder a las posibilidades de acción y a la inagotable curiosidad de los pequeños; por ello, se dispondrá, además del que podría ser considerado convencional, como pelotas, juguetes tradicionales (muñecas, coches, ropa, mobiliario, etc.) o juegos didácticos y de mesa (bloques de construcción, loterías, dominós, mecanos, oca), de otro tipo de material mucho menos estructurado y definido, pero que precisamente por ello se presta a ser utilizado por los niños de múltiples formas, para responder a una gran variedad de objetivos.
Este tipo de material (botes o cajas de cartón, tacos de madera, trozos de tela, etc.) resultará particularmente propicio para las actividades de juego simbólico, pues al carecer de una funcionalidad precisa, permitirá al niño proyectar en él su conocimiento de la realidad, sus fantasías y sus vivencias. Se estimulará así un tipo de juego que tendrá tanto valor afectivo y relacional, como cognitivo.
A continuación presentamos una clasificación de los materiales, según su uso en los diferentes campos formativos:
Materiales que desarrollan el pensamiento lógico.
Permitirá actividades de comparar, asociar, ordenar, clasificar, seriar, contar, medir. En educación preescolar, todos los materiales que hemos nombrado anteriormente son objetos de actividades que contribuyen al desarrollo mental del niño. Pero existen, sin embargo, materiales específicos para el desarrollo lógico matemático. El niño, de una forma natural y espontánea, comenzará a agrupar, a emparejar, a medir, a clasificar según criterios o cualidades que él decidirá, a través del juego. Para ello, utilizará todos los materiales a su alcance, objetos de diverso origen: juguetes, ropa, comida, otros niños, etc. El docente podrá ofrecerle a su vez, cajas, palos, telas, carretes de hilo y todo tipo de material reciclado para este fin. También pueden elaborarse “cajas” o “bolsas” de diversos colores, de diferentes tamaños, peso, textura, olor, para que sean objeto de clasificación por los niños.
Para ordenar, pondremos objetos que vayan disminuyendo en tamaño, en tono de color, en peso, etc., como bolas de ensartar, cajas que van unas dentro de otras, tazas, vasos, medidas de capacidad, etcétera.
Para seriar, objetos que puedan ir alternándose con diferentes formas, tamaños, colores, etcétera.
Materiales para el desarrollo de la representación.
Mediante la simulación y la representación del mundo que ve, el niño irá transformando la realidad a su medida. Así, irá interpretando a su manera el mundo que le rodea; mediante mecanismos de sustitución, convierte un palo en un caballo, una madera en una casa.
Los materiales que pondremos a su disposición pueden ser:
· Materiales no estructurados: botones, trozos de madera, corchos, bolsas, palos, piñas, cuerdas, etcétera.
· Materiales recogidos de la comunidad (mediante aportaciones de la familia o del barrio): vajillas, objetos de la cocina, pinzas, tubos para el cabello, bisutería, zapatos y ropa de adulto, bolsos, ropa de bebé, sombreros, etcétera.
· Materiales que se adquieren en el comercio: cocinitas, garajes, mercados, casitas de muñecas, muñecos articulados, animales de plástico, maletín de médico y de carpintero, teléfonos, cámaras fotográficas, etcétera.
Especial importancia tiene el guiñol o teatro de títeres, desde el punto de vista del desarrollo del lenguaje.
Materiales para el desarrollo de la expresión oral.
El desarrollo del lenguaje, basado en la comunicación, será un tema amplio de trabajo que se llevará a cabo en todas las zonas de la escuela, con todos los materiales y en todos los momentos.
Libros para ver y contar.
Se contará con un rincón donde los niños podrán ver y leer libros, ya sean comprados o elaborados por ellos o por el adulto. Estarán debidamente seleccionados por el docente y que vayan apareciendo de forma progresiva. A la hora de seleccionar este material, se tendrá en cuenta:
a) Los temas presentados serán variados: de la vida que rodeo al niño, fantásticos, temas relacionados con la naturaleza, etcétera.
a) No será necesaria la existencia de textos escritos, pero tampoco es un inconveniente; de ser así, predominará un texto corto, rico y sugerente, explicativo o enriquecedor de la imagen, que le ayude al docente a la hora de contar un cuento.
b) Las imágenes serán variadas; no estereotipadas, ni esquemáticas, sino expresivas, estéticas coloristas y que no distorsionen la realidad.
Materiales para el desarrollo de la expresión plástica.
Este tipo de material es muy importante en la vida expresiva del niño y se considerará tanto desde una perspectiva unitaria y globalizadora, como desde su especificación propia. Estarán íntimamente relacionados con los de lenguaje, ya que están al servicio de una comunicación e intercambio entre los niños.
Será además una peculiaridad específica, ya que los niños, con su utilización, mezclan, perforan, cortan, pegan, pliegan, doblan y manipulan los materiales, generando y observando los cambios que se producen. Podemos decir que será un trabajo experimental en donde los niños aprenderán qué pueden hacer con estos materiales, interesando más el proceso que los resultados obtenidos. También cumple el objetivo del desarrollo de la habilidad manual. Descubrirán el color, las formas, la resistencia de los materiales, etcétera.
Una dotación suficiente para la expresión plástica de dibujo, collage, modelado, etc., será de:
Papel de diferentes tipos: revistas, periódicos, continuo o de embalaje, cartulinas, papel de seda, etcétera.
Pintura: de dedos, acuarelas, crayolas de diferentes colores, lápices de colores, etcétera.
Útiles para unir: pegamento blanco, cinta adhesiva, engrapadora, clips, gomas, cintas, cuerdas, etcétera.
Tijeras, pinceles, godetes, frascos para guardar pinturas, esponjas, cepillos de dientes, tubos vacíos, etcétera.
Para modelar: plastilina, pasta de papel, masa de harina, etcétera.
Para collage y construcciones: cajas, cartones, tubos de papel higiénico, pedazos de telas, plumas, hojas, botones, tapones, carretes de hilo vacíos, revistas, pinzas, etcétera.
Materiales para el desarrollo musical y corporal.
En cuanto a los materiales musicales, en primer lugar, el más cercano al niño es su propio cuerpo, y en segundo lugar, los objetos que le rodean, le ofrecerán diferentes posibilidades sonoras.
Se contarán con instrumentos musicales ya elaborados, pues éstos introducen importantes posibilidades en la gama rítmica y melódica. Como por ejemplo los instrumentos de percusión, el triángulo, los cascabeles, el pandero, tambores etcétera.
Para la educación corporal o rítmica, partimos también del propio cuerpo (manos, pies, etc.), trozos de tela y demás accesorios que posibilitarán realizar diversas actividades.